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[ El Instructor del Mundo (1) ]

Maestro de Maestros, de Ángeles y de Hombres



 





 

Un Aula de Enseñanza Humano-Dévica

Por Vicente Beltrán Anglada

 


Unos pocos años después de haber sido admitidos en el Aula del Conocimiento del Ashrama y de haber completado con éxito ciertos estudios, nos comunicó un día el Maestro que estuviésemos preparados, pues en la próxima reunión un grupo de nosotros -siete en total- en lugar de quedarnos como solíamos hacerlo en la amplia sala donde nos impartía enseñanza esotérica y entrenamiento espiritual, iríamos a visitar un Aula de Enseñanza en la que por primera vez podríamos "alternar" directamente con Ángeles de parecida y superior evolución a la nuestra. "Esta Escuela -nos dijo el Maestro- está ubicada en el Plano Astral, en un nivel superior al vuestro habitual. Por tal motivo Yo iré con vosotros y si bien no intervendréis directamente en el sistema de enseñanza que allí se imparte, ya que esta vez iréis sólo en plan de observadores, os pido que permanezcáis muy atentos. No es necesario deciros que sería preferible que os mantuvieseis en ayunas durante todo el día hasta el momento del descanso físico, para facilitar vuestro desplazamiento astral."

El día elegido por el Maestro nos hallamos reunidos en la gran sala los siete Hermanos a quienes el Maestro había convocado especialmente para aquella ocasión. Los demás miembros proseguirían su habitual ritmo de enseñanza a cargo del Hermano R., de iniciación superior y "lugarteniente" del Maestro.

La Escuela -a la que con justicia puedo denominar humano-dévica, pues a ella acuden entidades pertenecientes a ambos Reinos- se halla ubicada en cierto elevado nivel del Plano Astral. No ocupa un determinado lugar en el tiempo, por cuanto el tiempo es conceptual y una vez rebasado el límite de las tres dimensiones físicas, el tiempo tiene una medida muy distinta a la conocida o habitual. Pero es realmente "un lugar" y ocupa determinada zona del Plano Astral. Llegar allí implica, sin embargo, cierta técnica de desplazamiento consciente en la cuarta dimensión y grandes conocimientos esotéricos con respecto a la quinta, pues lo que realmente satisface la plenitud del alma es esta conciencia pura de serena expectación o atención profunda a todo cuanto sucede u ocurre en estas dimensiones del espacio, que pese a los grandes avances técnicos y descubrimientos científicos continúan siendo incógnitas o secretos todavía por descubrir para la humanidad inteligente.

Fuimos "allí" acompañados por el Maestro. Nuestra visita era esperada pues vino a recibirnos una Entidad angélica de gracioso porte y luminosa aura azul celeste quien, inclinándose reverentemente ante nuestro Maestro, nos indicó un punto de aquel lugar ocupado por la Escuela, donde debíamos situarnos. Tratando de estar profundamente atentos, tal como el Maestro nos lo había indicado, empezamos a distinguir gran cantidad de figuras luminosas, y al ir haciéndonos más conscientes de nuestras percepciones nos dimos cuenta de que eran hombres y ángeles: los primeros, lógicamente, iniciados de los Ashramas de la Gran Fraternidad; los Ángeles, entidades celestes que de acuerdo con su jerarquía espiritual acudían a esta Escuela para consumar un determinado ciclo de enseñanza.

Estaban juntos formando corros, matizados todos ellos de unas estelas de luz y de brillantes resplandores que indicaban los sentimientos de afecto, comprensión y armonía.

Cuando apareció el Bodhisattva (Instructor del Mundo) en el centro del lugar, todos los grupos se dispersaron y automáticamente sin una previa indicación, los Ángeles y los Iniciados formaron dos círculos a su alrededor, el primero formado por los Devas, el segundo por los Iniciados de los Ashramas. Al lado del Bodhisattva estaban los Maestros Koot Humi y Djwhal Khul, Quienes le asistían en estas clases especiales de entrenamiento esotérico. Al igual que nuestro Maestro había otros Maestros de la Gran Fraternidad que habían acompañado asimismo a grupos de discípulos para que asistiesen a aquel acto de suprema enseñanza, que venía a ser tanto para los Devas como para los Iniciados el preludio o la preparación para el acceso al Aula de Sabiduría de Shamballa. Debo hacer estas obligadas referencias pues las Escuelas de Unificación Humano-Dévicas son realmente las puertas que franquean el paso a aquellas supremas Aulas de Enseñanza.

El Bodhisattva (Cristo) estaba allí. Podíamos percibirle perfectamente envuelto en Su aura de Luz y brillando sobre su dorada cabellera la estrella de cinco puntas que cualifica al Hombre perfecto. El Maestro de Maestros, de Ángeles y de Hombres ofrecía una perspectiva de Amor, de Paz y de Serenidad imposible de ser descrita. Hablaba a todos con Su voz delicadamente musical aunque en un idioma totalmente desconocido para mí. El Maestro nos dijo más tarde que utilizaba la lengua pali, porque era la lengua con la cual fueron escritos los primeros libros sagrados, antes que el sánscrito y el senzar, y tenía ciertos matices fonéticos que encuadraban perfectamente en el desarrollo de aquella suprema enseñanza humano-dévica.

A medida que el Gran Señor impartía Su enseñanza, iba haciéndose cada vez más brillante y luminosa el aura de ambos grupos, y más potente y dinámico el impulso vital que nos invadía a todos. En un momento determinado, trascendente y atemporal, el Gran Señor dejó de hablar. Estuvo cierto tiempo en silencio. El clima del lugar era de una tremenda expectación. Los éteres "retumbaban de tanto silencio". Entonces irguió Su cabeza, la inclinó hacia arriba y pronunció un potentísimo e incomprensible Mántram. Al finalizar el mismo los dos círculos formados por los Devas y los Hombres se confundieron en uno solo, en un estallido de Paz, Amor y Armonía realmente indescriptible. Se fundieron las auras de los Ángeles y los Hombres. Y según nos dijo el Maestro al terminar aquel supremo Acto de Reconciliación humano-dévico, en aquellos momentos el aura de ambos Reinos se confundía en una sola y los hombres participaban de la vida de los Ángeles, tanto como los Ángeles participaban de la vida de los hombres. Tal era la finalidad de la enseñanza en aquella Escuela a la que habíamos sido invitados, siquiera como observadores, a la espera "serenamente expectante" del momento en que deberíamos asistir a la misma como miembros activos, conscientes y supremamente apercibidos

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Fuente: Diario Secreto de un Discípulo, pp. 73-76

 

 

 

 

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